Despierto y no tengo hambre. Llueve y no me mojo. Hace frío y no tiemblo, soporta mi piel la lengua helada del viento y mis huesos permanecen inmóviles.
El cielo se torna gris, se torna otoño en Buenos Aires, pero mi cuerpo vive en Enero, vive en verano, en sol y arena y agua salada. La calle está húmeda de barro y agua, pero mi cuerpo vive a treinta y cinco grados y huele a sal y a espuma de mar.
